• Manuel Angel Nicolas Cuevas ha publicado una actualización

    hace 1 mes, 1 semana

    🧠 Corrupción y poder: una lectura desde la Criminología de la Conducta Antisocial y la Crimiatría
    Desde la Criminología de la Conducta Antisocial (CCA), la corrupción no se explica únicamente como una infracción penal ni como un fallo individual aislado, sino como el resultado de un proceso progresivo de desviación de la conducta prosocial.
    Uno de los postulados centrales de la CCA sostiene que la conducta antisocial no emerge de forma súbita, sino que se configura a través de condiciones de vulnerabilidad previas que, en determinados contextos, pueden activarse y consolidarse. El acceso al poder, la percepción de impunidad, la normalización social del desvío y el debilitamiento del control ético actúan entonces como factores facilitadores del proceso.
    Desde la Crimiatría, esta dinámica puede interpretarse como una forma de conducta antisocial funcional, en la que el sujeto —o la estructura— mantiene una apariencia de normalidad mientras su finalidad se desplaza progresivamente del bien común al interés particular. El acto corrupto no sería el origen del problema, sino su manifestación final.
    En este marco, el poder no genera por sí mismo la corrupción, pero sí puede convertirse en un vector criminógeno cuando se desacopla de su función social y ética. La corrupción aparece así como una patología de la finalidad: se conserva la forma del servicio público, pero se vacía su contenido moral.
    Esta lectura conecta, de forma sorprendentemente coherente, con las advertencias de la filosofía clásica: la corrupción comienza cuando se abandona la verdad, se degrada la justicia y se rompe el vínculo entre poder y comunidad. La criminología contemporánea, desde otros instrumentos, describe hoy el mismo fenómeno en términos de proceso, no de accidente.
    Por ello, desde la CCA y la Crimiatría, la pregunta clave no es solo quién delinque o cuánto se sustrae, sino cómo, cuándo y por qué se empieza a dejar de servir.