La criminología tradicional ha centrado su objeto de estudio en el acto punible ya consumado, el delincuente como sujeto problemático y la respuesta penal como mecanismo de control. Esta orientación, aunque metodológicamente sólida dentro del paradigma jurídico-penal, presenta una limitación estructural: analiza el fenómeno cuando el daño ya se ha producido, invisibilizando las fases previas que conducen al acto punible.

El fenómeno criminógeno no debe entenderse exclusivamente como acto individual ni como simple efecto estructural, sino como proceso dinámico relacional que se desarrolla en interacción simbiótica con un entorno configurado por factores psicobiológicos, socioeconómicos y ético-jurídicos. Se postula que a mayor densidad de factores crimebióticos negativos, mayor probabilidad de emergencia de conductas antisociales adaptativas y de progresión hacia el crímergo.

La propuesta no sustituye la criminología clásica, sino que amplía su campo de visibilidad e introduce categorías analíticas propias para abordar fenómenos antes invisibilizados. Ofrece un marco teórico integrador que supera el dualismo individuo-estructura y abre nuevas líneas de investigación empírica orientadas a la prevención primaria y a la modificación de entornos crimebióticos.

Contenidos

Introducción

El límite del paradigma criminológico clásico

La criminología contemporánea ha consolidado un aparato conceptual robusto en torno al delito, la imputación y la respuesta penal. Sin embargo, gran parte de su desarrollo ha mantenido como eje analítico el acto punible ya consumado, así como el sujeto que lo ejecuta. Desde la tradición clásica hasta los enfoques más recientes, la criminología ha tendido a articularse en estrecha relación con el derecho penal, focalizando su estudio en la infracción normativa y en sus consecuencias institucionales (Garland, 2001; García-Pablos de Molina, 2016).

Esta centralidad del acto tipificado ha permitido avances significativos en materia de política criminal y prevención secundaria, pero ha generado una criminología predominantemente reactiva. El delito se convierte en el umbral que legitima la intervención analítica, dejando fuera del campo de observación las fases pretipificadoras del proceso criminógeno.

 Centralidad del delito y reducción del proceso

El paradigma dominante ha oscilado históricamente entre tres ejes: el delito como infracción normativa, el delincuente como sujeto problemático y la pena como respuesta institucional. Este triángulo conceptual encuentra raíces tanto en la criminología positivista (Lombroso, 1876/2006) como en las formulaciones sociológicas que analizan el delito como hecho social (Durkheim, 1895/1982).

Incluso en enfoques estructurales como la teoría de la anomia (Merton, 1938) o la desorganización social (Shaw & McKay, 1942), el análisis suele activarse cuando la desviación ya se ha manifestado de forma observable. El interés se centra en explicar por qué se produce el delito, pero no en examinar de manera sistemática la progresión conductual que lo precede. El resultado —el acto punible— coloniza la mirada criminológica y reduce el proceso a sus manifestaciones terminales.

Justificación de una reformulación procesual

La cuestión que orienta el presente trabajo es la siguiente:

¿Puede comprenderse el fenómeno criminógeno atendiendo exclusivamente al delito ya consumado?

Responder afirmativamente implicaría reducir el fenómeno a su manifestación jurídica, ignorando las fases conductuales y relacionales que lo preceden. Esta limitación no es meramente teórica: tiene consecuencias directas sobre la capacidad de la criminología para anticipar, prevenir e intervenir antes de que la conducta antisocial alcance el umbral punitivo.

Se hace necesario, por tanto, un desplazamiento epistemológico: pasar de una criminología centrada en el resultado a una criminología orientada al proceso. Este desplazamiento no supone negar la relevancia del derecho penal ni relativizar la responsabilidad individual. Implica, por el contrario, integrar el acto punible dentro de una arquitectura conceptual más amplia que permita analizar la disposición conductual previa, las microconductas que configuran patrones antisociales, las dinámicas reiteradas que normalizan la transgresión y la interacción simbiótica entre sujeto y entorno.

Parte I: La Criminología de la Conducta Antisocial (CCA)

desplazamiento del objeto: del delito al proceso antisocial

Del resultado al devenir

La Criminología de la Conducta Antisocial (CCA) parte de una tesis epistemológica elemental: el acto punible no agota el fenómeno criminógeno. El delito no desaparece como objeto legítimo, pero deja de ser el único objeto legítimo. La CCA propone desplazar la mirada hacia la conducta antisocial entendida como continuum procesual.

Esta conducta no se define por su adecuación a un tipo penal, sino por su orientación psicoética hacia la quiebra del vínculo social, con independencia de que alcance o no umbrales punitivos. La CCA estudia el devenir antisocial, no solo su cristalización punitiva.

De la respuesta penal al análisis dinámico

El desplazamiento propuesto comporta tres movimientos:

  1. Ampliación del campo de observación: se incluyen fenómenos no punibles pero criminógenamente relevantes (acoso laboral, violencia intrafamiliar no tipificada, microagresiones reiteradas, dinámicas de corrupción en fases tempranas).
  2. Análisis diacrónico: la conducta antisocial se estudia como trayectoria, no como evento aislado (Farrington, 2005).
  3. Enfoque relacional: la unidad de análisis no es exclusivamente el individuo, sino el sistema de interacciones en el que se despliega la conducta.

 la secuencia estructural del proceso criminógeno

La CCA propone una secuencia analítica de cuatro fases, ordenadas según su grado de exteriorización, reiteración y proximidad al umbral punitivo. Esta secuencia no debe leerse como un determinismo lineal. No toda crimia deriva en crímergo. Pero todo crímergo ha sido precedido por alguna forma de crimia, crimión y crimergia.

Crimia: conducta antisocial de base

Definición:
La crimia designa la fase interna de evaluación, concepción del objeto e intencionalidad antisocial. No es observable directamente. No equivale al delito ni presupone tipicidad penal. Puede permanecer en el ámbito interno o exteriorizarse parcialmente.

Distinción criminógena / incriminógena:

  • Crimia criminógena no punitiva: orientación antisocial que no alcanza el umbral del crímergo (permanece en Crimialia).
  • Crimia incriminógena: orientación antisocial con potencial para activar blapohieresis incriminógena y progresar hacia el crímergo.
    Esta distinción es gradual y dinámica, no dicotómica.

Dimensión pretipificadora:
La crimia opera en un espacio pretipificador. El derecho penal no tiene competencia sobre ella, pero la criminología procesual sí. Permite analizar la génesis de la disposición antisocial antes de su exteriorización punitiva.

Diferencia con el concepto penal de dolo:
El dolo es categoría de imputación normativa (Mir Puig, 2016; Muñoz Conde & García Arán, 2019). La crimia es categoría analítica. El dolo se sitúa en el momento del hecho típico; la crimia se sitúa en la fase pretípica. Puede haber crimia sin dolo jurídicamente exigible (menores, inimputables), y puede haber dolo sin crimia previa —aunque empíricamente sea infrecuente—.

Crimión: Unidad Mínima Observable

Definición y naturaleza

El crimión constituye la unidad mínima observable del proceso de desviación psicoética, situada entre la fase de crimia (condición disposicional) y la fase de crimergia (activación dinámica).

No es un acto delictivo ni una infracción tipificada. Tampoco es una “partícula conductual” susceptible de conteo.

El crimión debe entenderse como una configuración relacional mínima en la que se manifiesta carga psicoética negativa (K⁺) de forma detectable, aunque aún no se haya producido transición dinámica.

Ontológicamente, el crimión es:

  • Observable, pero no necesariamente punible.

  • Intensivo, no extensivo.

  • Relacional, no meramente individual.

  • Pre-dinámico respecto a la crimergia.

Su relevancia radica en que representa el primer nivel empíricamente identificable del proceso crimebiótico.

Características del crimión

El crimión presenta las siguientes propiedades estructurales:

  1. Intensividad: expresa nivel de carga psicoética (K⁺), no cantidad numérica.

  2. Microestructuralidad: se manifiesta en microinteracciones, desplazamientos normativos sutiles o alteraciones del campo relacional.

  3. Gradualidad: admite grados de intensidad.

  4. Potencialidad transicional: puede evolucionar hacia crimergia si supera umbrales críticos.

  5. No tipicidad penal inmediata: su identificación no implica necesariamente infracción jurídica.

Estas características lo distinguen tanto del mero conflicto social como del acto criminógeno consumado.

Acumulación como saturación cualitativa

La acumulación de crimiones no debe interpretarse como suma aritmética de unidades discretas. El crimión no es cuantificable en términos extensivos.

Lo que se incrementa no es el “número de crimiones”, sino la densidad o intensidad de carga psicoética negativa (K⁺) en el campo relacional.

Nos encontramos ante un fenómeno intensivo, comparable a:

  • La superposición de ondas (alineación de intensidades).

  • La saturación de dominios magnéticos.

  • Los cambios de fase en sistemas termodinámicos.

Cuando la carga K⁺ alcanza determinados umbrales críticos:

  • Se debilitan los inhibidores normativos.

  • Se normaliza la transgresión.

  • Se consolida cognitivamente la desviación.

  • Se activa la transición hacia la crimergia.

El punto relevante no es “cuántos crimiones”, sino cuándo el sistema cambia cualitativamente de estado.

Operacionalización e intensidad (propuesta de medición)

Dado su carácter intensivo, el crimión requiere una operacionalización distinta a la mera frecuencia conductual.

Se propone una escala continua normalizada:

K⁺ ∈ [0,1]

  • 0: ausencia significativa de carga psicoética negativa observable.

  • 0,1–0,3: intensidad baja.

  • 0,4–0,6: intensidad media.

  • 0,7–0,9: intensidad alta (riesgo de transición).

  • ≥1: superación de umbral crítico (probabilidad elevada de transición a crimergia).

Esta escala no mide “cantidad de crimiones”, sino nivel de intensidad estructural del campo relacional.

La frecuencia puede indicar actividad del proceso, pero no sustituye la medición intensiva.

 Proyección analítica y desafíos metodológicos

El concepto de crimión plantea varios retos:

  1. Detección empírica: requiere instrumentos sensibles a microdesplazamientos normativos (etnografía, análisis del discurso, observación estructurada).

  2. Validación de intensidad: desarrollo de escalas con fiabilidad interevaluador.

  3. Identificación de umbrales: modelización de transiciones de fase.

  4. Evitar reduccionismo cuantitativo: impedir que la frecuencia sustituya a la intensidad como variable central.

Un entorno con baja frecuencia observable pero alta intensidad K⁺ puede hallarse más próximo al tránsito hacia crimergia que otro con alta frecuencia y baja intensidad estructural.

Crimergia: dinámica reiterada y normalizada

Definición

La crimergia describe la dinámica reiterada y progresiva de conducta antisocial en interacción con el entorno crimebiótico. Aquí ya no hablamos de acto aislado, sino de:

  • Persistencia: la conducta se repite en el tiempo.

  • Escalada funcional: se requieren transgresiones mayores para obtener beneficios equivalentes.

  • Retroalimentación contextual: el entorno no es mero escenario; refuerza, justifica y normaliza la conducta.

Persistencia

La crimergia implica estabilidad temporal. No es un episodio, sino una pauta. Esta estabilidad diferencia la crimergia del crimión aislado.

Escalada funcional

Mecanismo central de la patodinamia: el mismo nivel de transgresión produce, con el tiempo, menor satisfacción o beneficio; se requiere intensificar la conducta para obtener refuerzos equivalentes. La escalada puede ser:

  • Cuantitativa: más frecuencia, más intensidad.

  • Cualitativa: nuevas formas de transgresión.

  • Expansiva: extensión a nuevos ámbitos o víctimas.

Retroalimentación contextual:

El entorno crimebiótico actúa mediante:

  • Refuerzos positivos: reconocimiento, estatus, utilidad.

  • Ausencia de refuerzos negativos: impunidad, tolerancia, silencio.

  • Normalización discursiva: legitimación mediante técnicas de neutralización (Sykes & Matza, 1957).

Crímergo: acto criminógeno punitivo

Definición

El crímergo es el acto antisocial que alcanza dimensión punitiva. No sustituye el concepto jurídico de delito. Lo reformula como objeto criminológico.

Resultado procesual

El crímergo no es el punto de partida del análisis criminológico, sino su punto de llegada. Su inteligibilidad exige reconstruir la trayectoria crimebiótica que lo precede.

No equivalente automático a «delito»

  • Puede coincidir con delito tipificado.

  • Puede analizarse independientemente de condena.

  • El crímergo existe como realidad criminológica aunque no exista sentencia firme o aunque el sujeto sea inimputable.

Independencia analítica respecto de condena:

La CCA puede estudiar crímergos en contextos donde el sistema penal no ha actuado (cifra negra, prescripción, inimputabilidad). El crímergo es categoría criminológica, no jurídica.

distinción conceptual: crimialia y criminalia

La Crimialia designa el ámbito de desarrollo de la conducta antisocial no punitiva. Comprende:

  • Crimia (fase interna).
  • Crimión (microconducta).
  • Crimergia en sus estadios iniciales (antes del umbral punitivo).

Es el territorio propio de la criminología procesual. Aquí la crimebiosis opera de manera latente o incipiente, pero ya produce efectos de normalización y escalada.

Ámbito punitivo (Criminalia)

La Criminalia designa el ámbito donde la conducta antisocial ha adquirido relevancia penal. Comprende:

  • Crímergo (acto punitivo).
  • Crimergia avanzada que ya ha superado el umbral de tipificación.

Es el territorio tradicional del derecho penal y de la criminología clínico-jurídica.

El umbral de tipificación

La distinción Crimialia/Criminalia no es ontológica, sino funcional y gradual. El umbral de tipificación es el punto en que una conducta antisocial pasa de ser criminológicamente relevante a ser jurídicamente punible.

Este umbral:

  • No es fijo: varía según ordenamientos jurídicos, contextos históricos y políticas criminales.
  • No es absoluto: una misma conducta puede estar en Crimialia en un sistema y en Criminalia en otro.
  • Es objeto de análisis criminológico: la CCA estudia también cómo se construyen y desplazan estos umbrales.

Justificación de la distinción:

La diferenciación sistemática entre Crimialia y Criminalia permite:

  1. Ampliar el campo empírico de la criminología.
  2. Analizar la progresión sin depender de la calificación jurídica.
  3. Diseñar intervenciones preventivas antes del crímergo.
  4. Dialogar con el derecho penal sin quedar subordinada a él.

paradigma de la crimebiosis

Definición

El Paradigma de la Crimebiosis constituye el núcleo teórico de la CCA. Su tesis fundamental es:

La conducta criminógena no es un fenómeno aislado ni exclusivamente individual, sino que se desarrolla en simbiosis funcional con un entorno específico: el entorno crimebiótico.

Esta afirmación comporta tres desplazamientos:

  1. Analítico: del individuo a la interacción.
  2. Causal: de la determinación lineal a la retroalimentación sistémica.
  3. Ontológico: del acto como entidad discreta al proceso como unidad de análisis.

Principio de interacción criminógena

El principio de interacción criminógena establece:

La conducta antisocial y el entorno crimebiótico se co-determinan recursivamente. El entorno no es condición facilitadora, sino elemento activo que retroalimenta, normaliza, justifica e integra la conducta.

Esta interacción no es mecánica ni unidireccional. Opera mediante:

  • Refuerzos positivos (beneficios materiales, simbólicos, identitarios).
  • Acomodación normativa informal (adaptación de normas implícitas).
  • Naturalización discursiva (la transgresión deviene «normal»).
  • Inercias estructurales (persistencia del entorno crimebiótico más allá de los sujetos).

Tríada de factores crimebióticos

La crimebiosis se articula en tres órdenes de factores que interactúan, se retroalimentan y generan densidad criminógena. No se trata de una suma, sino de una integración sistémica.

Factores psicobiológicos

Definición:
Conjunto de disposiciones neurocognitivas, temperamentales y biográficas que configuran la vulnerabilidad o propensión a desarrollar orientación antisocial.

Precisiones:
La CCA no adopta el determinismo biológico (Lombroso, 1876/2006). Los factores psicobiológicos no son causas suficientes, sino dimensiones de interacción. Adquieren significación criminógena cuando se activan en contextos crimebióticos que los refuerzan.

Elementos relevantes:

  • Regulación emocional y control inhibitorio.
  • Trayectorias de vinculación temprana.
  • Exposición a modelos antisociales en fases sensibles.
  • No se trata de perfiles cerrados, sino de trayectorias de riesgo moduladas por el entorno (Farrington, 2005; Moffitt, 1993).

Factores socio-relacionales

Definición:
Condiciones estructurales y dinámicas relacionales que configuran el espacio de oportunidades y las presiones adaptativas que enfrentan los sujetos y grupos.

Diálogo con la tradición:
La CCA reconoce la solidez de las teorías que vinculan privación económica, desorganización social y tasas de delincuencia (Merton, 1938; Shaw & McKay, 1942). Sin embargo, introduce dos matices:

  1. Mediación crimebiótica: las condiciones estructurales no producen directamente conducta antisocial; operan a través de la configuración de entornos crimebióticos locales (familia, grupo de pares, organización laboral, comunidad).
  2. Autonomía relativa: una vez constituido, el entorno crimebiótico puede reproducirse independientemente de las condiciones que lo originaron.

Elementos relevantes:

  • Desigualdad y privación relativa.
  • Segregación espacial e institucional.
  • Mercados laborales informales o ilegales.
  • Debilidad del estado de derecho y de los sistemas de protección social.
  • Redes de capital antisocial (contactos, conocimientos, reputación transgresora).

 Factores ético-jurídicos

Definición:
Conjunto de normas formales e informales, sistemas de justificación y climas éticos que operan como legitimadores, neutralizadores o inhibidores de la conducta antisocial.

Diálogo con la criminología de la neutralización:
La CCA integra los hallazgos de Sykes y Matza (1957) sobre técnicas de neutralización, pero los resitúa. Estas técnicas no son solo estrategias post hoc para proteger la autoimagen. Son elementos constitutivos del entorno crimebiótico: circulan como discursos disponibles, se internalizan y preceden a la conducta.

Elementos relevantes:

  • Percepción de ilegitimidad del sistema normativo.
  • Normalización de la transgresión en el discurso cotidiano.
  • Debilidad de los controles éticos informales.
  • Conflicto normativo entre órdenes jurídicos y códigos informales.
  • Disponibilidad social de racionalizaciones transgresoras.

Hipótesis de densidad criminógena

Definición de densidad criminógena

La densidad criminógena es un concepto sintético que designa:

El grado de concentración, intensidad, persistencia y congruencia de los factores crimebióticos en un entorno determinado, así como su grado de normalización en las prácticas y discursos cotidianos.

Dimensiones

  • Cuantía: número de factores presentes.
  • Intensidad: fuerza o gravedad de cada factor.
  • Persistencia: duración en el tiempo.
  • Congruencia: grado de coherencia y refuerzo mutuo entre factores.
  • Normalización: grado en que la conducta antisocial es percibida como normal, inevitable o legítima.

Hipótesis central del paradigma

A mayor densidad de factores crimebióticos negativos, mayor probabilidad de emergencia de conductas antisociales adaptativas y de progresión desde la Crimialia hacia la Criminalia.

Corolarios

  1. La densidad criminógena es un predictor más robusto que cualquier factor aislado.
  2. La progresión hacia el crímergo no es lineal, pero la alta densidad reduce significativamente los umbrales inhibitorios.
  3. Las intervenciones eficaces requieren reducir la densidad, no solo actuar sobre factores individuales.
  4. La densidad criminógena es modulable mediante intervenciones sobre entornos y dinámicas relacionales.

diálogo con la tradición criminológica

Desorganización social (Shaw & McKay)

Aportación original:
Shaw y McKay (1942) demostraron que las tasas de delincuencia se concentran en áreas urbanas caracterizadas por alta rotación residencial, heterogeneidad cultural y debilidad de las instituciones comunitarias. Estas condiciones generan desorganización social: incapacidad de la comunidad para ejercer control informal y transmitir valores prosociales.

Ampliación crimebiótica:
La CCA no contradice este diagnóstico, pero lo amplía en dos direcciones:

  1. No solo ausencia, sino presencia: las zonas crimebióticas no son meramente desorganizadas. Están reorganizadas en torno a pautas antisociales funcionales. No hay vacío normativo, sino sustitución normativa.
  2. Microescalas: la crimebiosis opera también en entornos organizados (empresas, administraciones, familias) que presentan densidad criminógena sectorial. La desorganización es una vía, no la única.

Convergencia y distancia:
La CCA comparte con la Escuela de Chicago el énfasis en la ecología del delito, pero introduce la noción de simbiosis funcional y el análisis de procesos de normalización, ausentes en el modelo original.

Habitus y campo (Bourdieu)

Aportación original:
Bourdieu (1980/1990) desarrolla el concepto de habitus como sistema de disposiciones duraderas, producto de la interiorización de estructuras sociales, que orienta las prácticas de manera no consciente. El campo designa espacios sociales estructurados por relaciones de fuerza y capitales específicos.

Diálogo crimebiótico:
La CCA encuentra en esta teoría un potente instrumento analítico, pero introduce precisiones:

  • Habitus criminógeno: disposición adquirida en entornos crimebióticos que orienta la percepción, evaluación y acción hacia la transgresión como recurso legítimo o necesario. No es destino: puede modularse, pero su inercia es significativa.
  • Campo crimebiótico: espacio social donde el capital antisocial (conocimientos, contactos, reputación transgresora) opera como recurso eficaz. La lucha por posiciones en este campo refuerza la simbiosis.

Distancia crítica:
Bourdieu tiende a explicar la práctica como reproducción. La CCA necesita también explicar la innovación y la escalada. Por ello introduce la crimia como momento de evaluación y orientación que no está completamente determinada por el habitus. El sujeto no es solo portador de disposiciones; es también evaluador activo de su entorno.

Diferencias con el positivismo biopatológico

La CCA y el Modelo Patodinámico se distancian radicalmente del positivismo biopatológico en los siguientes puntos:

Dimensión Positivismo biopatológico CCA / Modelo Patodinámico
Objeto El delincuente como categoría clínica El proceso criminógeno como unidad de análisis
Etiología Causas internas (biológicas, psicológicas) Interacción recursiva sujeto-entorno
Patología Reside en el individuo Reside en la dinámica relacional
Método Diagnóstico, clasificación Análisis procesual, sistémico
Intervención Corrección individual Modificación de entornos crimebióticos
Relación con el derecho Auxiliar de la defensa social Autonomía analítica, diálogo crítico

Precisión:
La crítica al positivismo biopatológico no implica negar la relevancia de factores individuales. Implica resituarlos dentro de un marco relacional y sistémico. El sujeto no es una tabula rasa, pero tampoco es un programa biológico o psicológico. Es un agente situado cuyas disposiciones se activan, modulan o inhiben en función de la densidad crimebiótica del entorno.

parte iI: modelo patodinámico de la crimebiosis

crítica al modelo biopatológico clásico

Patologización individual

El paradigma positivista y la construcción del «delincuente nato»

La criminología del siglo XIX, bajo el influjo del positivismo biológico, construyó al delincuente como categoría clínica. Lombroso (1876/2006) no solo describió al uomo delinquente como un ser atávico, sino que lo convirtió en objeto de clasificación, diagnóstico y tratamiento. El delito dejaba de ser un acto para devenir síntoma de una naturaleza patológica inscrita en el cuerpo y en la herencia biológica.

Esta operación epistemológica tuvo consecuencias profundas para la criminología:

  1. Desplazamiento del acto al actor: la atención se trasladó de la infracción normativa a las características del infractor, pero en términos organicistas y estigmatizantes.
  2. Naturalización de la desviación: la conducta antisocial pasó a ser entendida como atributo intrínseco del individuo, no como resultado de procesos sociales o relacionales.
  3. Legitimación de intervenciones correctivas: bajo el paradigma de la defensa social, se justificaron actuaciones sobre el cuerpo y la psique del delincuente, con frecuencia al margen de garantías jurídicas (Foucault, 1975/2002).

La persistencia del sesgo patologizante en versiones atenuadas

Aunque el biologicismo decimonónico fue criticado y matizado, su estructura profunda persistió en modelos posteriores. La criminología clínica, la psicología criminal y ciertas lecturas de la criminología del desarrollo mantuvieron, bajo ropajes más sofisticados, la premisa de que la conducta antisocial es expresión de déficits o disfunciones individuales:

  • Teoría del autocontrol: Gottfredson y Hirschi (1990) sitúan en el bajo autocontrol —rasgo individual relativamente estable— la causa fundamental de la delincuencia.
  • Taxonomía desarrollo-criminal: Moffitt (1993) distingue entre delincuentes persistentes (con déficits neuropsicológicos tempranos) y limitados a la adolescencia (influencia social).
  • Enfoques de riesgo: la identificación de factores de riesgo individuales (impulsividad, baja empatía, estilos parentales deficitarios) ha dominado la investigación preventiva.

Estos enfoques, pese a su indudable valor empírico, comparten un sesgo internalista: el problema está en el individuo. El entorno aparece como variable independiente que afecta al individuo, no como elemento constitutivo de la dinámica criminógena.

 Reduccionismo etiológico

Doble dirección del reduccionismo

El modelo biopatológico opera mediante un reduccionismo de doble dirección:

  • Reducción ascendente: el delito se explica por características del delincuente; las características del delincuente se explican por factores biológicos o psicológicos individuales.
  • Reducción descendente: los factores sociales, económicos o culturales son tratados como meros desencadenantes o contextos, no como elementos constitutivos del fenómeno criminógeno.

 Consecuencias epistemológicas y prácticas

Este doble reduccionismo genera tres consecuencias problemáticas:

  1. Invisibilización de la dimensión relacional: al centrarse en los atributos del sujeto, se descuida el análisis de las interacciones simbióticas que configuran y sostienen la conducta.
  2. Estigmatización iatrogénica: la etiqueta diagnóstica puede operar como profecía autocumplida, reforzando la identidad desviada y dificultando el cambio (Becker, 1963).
  3. Limitación de la prevención: si la causa reside en el individuo, la intervención debe dirigirse a corregirlo, dejando intocados los entornos crimebióticos que lo producen y retroalimentan.

El modelo patodinámico

La «patología» como dinámica relacional

Inversión epistemológica

El modelo patodinámico propone una inversión epistemológica respecto del modelo biopatológico:

No se patologiza al sujeto. Se analiza la dinámica relacional del proceso como portadora de elementos disfuncionales.

La patología, si se quiere mantener el término, no reside en la persona, sino en la estructura y función de la interacción. El sujeto puede ser funcionalmente adaptativo en un entorno crimebiótico; es el sistema relacional el que opera bajo lógicas que, desde un punto de vista ético-jurídico externo, resultan problemáticas.

La dinámica como unidad de análisis

El modelo patodinámico toma como unidad de análisis la dinámica, entendida como:

  • Secuencia de interacciones entre sujeto(s) y entorno.
  • Pautas recurrentes con estabilidad temporal.
  • Mecanismos de retroalimentación que amplifican o atenúan la conducta.
  • Funcionalidad adaptativa dentro del microsistema crimebiótico.

Este enfoque dialoga con la teoría de sistemas (Bertalanffy, 1968; Bateson, 1972), pero aplicada al fenómeno criminógeno. La conducta antisocial es emergente de la interacción recursiva entre elementos.

Patodinamia, no patología

Se propone el neologismo patodinamia para designar:

El conjunto de procesos interaccionales que, mediante retroalimentación positiva, incrementan la densidad criminógena del entorno y la probabilidad de progresión hacia el crímergo.

La patodinamia:

  • No es un atributo del sujeto, sino del sistema sujeto-entorno.
  • Es gradual y dinámica: puede aumentar o disminuir según las modificaciones del entorno y de las interacciones.
  • Es observable a través de indicadores de crimergia, normalización y escalada.

Retroalimentación funcional

Mecanismos de refuerzo

La patodinamia se caracteriza por mecanismos de retroalimentación positiva que amplifican la conducta antisocial:

Fase Conducta Respuesta del entorno Efecto
1 Crimión (con carga psicoética negativa) Indiferencia / Tolerancia Normalización incipiente
2 Crimión reiterado Aceptación implícita Refuerzo positivo
3 Crimergia incipiente Adaptación normativa informal Legitimación
4 Crimergia consolidada Incorporación a la identidad grupal Consolidación crimebiótica

La retroalimentación no es necesariamente explícita ni consciente. Puede operar mediante:

  • Silencios cómplices: la ausencia de sanción comunica tolerancia.
  • Omisiones de sanción: la no-aplicación de normas formalmente vigentes.
  • Naturalización discursiva: expresiones que convierten la transgresión en rutina.
  • Beneficios secundarios: estatus, protección, acceso a recursos.

Circuitos de refuerzo y escalada

La retroalimentación funcional genera circuitos que tienden a la estabilidad del sistema crimebiótico:

  1. Conducta con carga negativa → Beneficio → Repetición → Normalización → Nueva conducta (mayor carga).
  2. Conducta → Ausencia de sanción → Percepción de impunidad → Reducción de inhibidores → Nueva conducta.

Normalización adaptativa

 Definición y proceso

La normalización adaptativa designa el proceso mediante el cual:

Una conducta inicialmente percibida como transgresora o problemática deviene, por efecto de su reiteración y de la retroalimentación del entorno, parte del repertorio ordinario de interacciones, perdiendo su carácter excepcional y, con ello, los frenos inhibitorios asociados.

Este proceso comprende tres momentos:

  1. Tolerancia: la conducta no es sancionada.
  2. Aceptación: la conducta es admitida como recurso legítimo en determinadas circunstancias.
  3. Incorporación: la conducta forma parte de las expectativas normativas del entorno.

Funcionalidad de la normalización

La normalización adaptativa es funcional para el entorno crimebiótico:

  • Reduce la incertidumbre: todos saben a qué atenerse.
  • Estabiliza jerarquías: la conducta transgresora puede estar asociada a posiciones de poder.
  • Facilita la cohesión interna: compartir prácticas transgresoras genera identidad grupal.
  • Proporciona marcos de justificación compartidos: técnicas de neutralización colectivas (Sykes & Matza, 1957).

Normalización y anomia

La normalización adaptativa se distingue de la anomia (Durkheim, 1895/1982; Merton, 1938):

  • La anomia designa ausencia o debilitamiento de normas.
  • La normalización adaptativa designa presencia de un orden normativo alternativo funcionalmente adaptado a la transgresión.

La blapohieresis

 Distinción respecto al dolo jurídico

El dolo como categoría normativa

En la dogmática penal contemporánea, el dolo se define como conocimiento y voluntad de realizar los elementos objetivos del tipo penal (Mir Puig, 2016; Muñoz Conde & García Arán, 2019). Es una categoría de imputación que requiere:

  • Conocimiento de los elementos del tipo.
  • Voluntad de realizarlos.
  • Capacidad de culpabilidad: imputabilidad, conciencia de antijuridicidad.

La blapohieresis incriminógena como categoría analítica

La blapohieresis incriminógena (del griego blapto: dañar, y hairesis: elección) se sitúa en un plano distinto:

Dimensión Dolo penal Blapohieresis incriminógena
Naturaleza Normativa (imputación) Analítica (explicación)
Función Atribuir responsabilidad Comprender el proceso
Requisitos Tipicidad, antijuridicidad, culpabilidad Orientación volitiva hacia resultado antisocial punitivo
Presupuestos Sujeto imputable No requiere imputabilidad
Ámbito Derecho penal Criminología procesual

Diferencias estructurales

La blapohieresis incriminógena:

  • Puede existir sin dolo jurídicamente exigible: en menores, en inimputables.
  • Se diferencia de la blapohieresis criminógena no punitiva: esta última designa activaciones volitivas orientadas a resultados antisociales que no alcanzan el crímergo.
  • No es idéntica a la intencionalidad psicológica: se define por su orientación a un resultado punitivo.

Activación volitiva incriminógena

 Componentes

  1. Dimensión cognitiva: conocimiento —al menos implícito— de la naturaleza transgresora del acto.
  2. Dimensión conativa: intención dirigida a un resultado antisocial con entidad punitiva.
  3. Dimensión ejecutiva: disposición a actuar, no mera fantasía.

 Blapohieresis y proceso crimebiótico

  • Fase de crimia: pre-blapohieresis o disposición incipiente.
  • Fase de crimión: puede manifestarse en microdecisiones.
  • Fase de crimergia: se consolida mediante retroalimentación.
  • Fase de crímergo: actualización plena.

No hay crímergo sin blapohieresis incriminógena

Esta afirmación constituye uno de los aportes más originales de la CCA:

Todo crímergo presupone una blapohieresis incriminógena, con independencia de que concurran o no los requisitos del dolo penal.

Implicaciones:

  1. Autonomía del análisis criminológico: puede establecerse mediante indicadores conductuales, contextuales y narrativos.
  2. Continuidad analítica: conecta Crimialia y Criminalia mediante un operador psicológico.
  3. Prevención: identificar la blapohieresis antes del crímergo abre ventanas de intervención.

Precisión: La blapohieresis incriminógena no es el dolo. Es su condición criminológica de posibilidad.

Aportaciones epistemológicas de la CCA

Desplazamiento del objeto

Criminología clásica Criminología de la Conducta Antisocial
El delito como unidad El proceso antisocial como unidad
El delincuente como sujeto problema La dinámica relacional como objeto
La pena como respuesta La intervención sobre la crimebiosis como horizonte

Reformulación del acto punible

El crímergo no es el punto de partida, sino el punto de llegada:

  • Desontologización del delito: el acto punible es resultado procesual.
  • Reintegración secuencial: solo inteligible con las fases que lo preceden.
  • Apertura causal: exige reconstruir la trayectoria crimebiótica.

 Integración sistémica

Modelo de integración de tres factores:

  • Psicobiológicos: disposiciones, vulnerabilidad.
  • Socio-relacionales: estructura, redes, capital antisocial.
  • Ético-jurídicos: normas, climas morales, neutralizaciones.

Actúan como elementos co-constitutivos de la densidad criminógena.

Alternativa al modelo individualizante

Modelo individualizante Modelo patodinámico (CCA)
El problema está en el individuo El problema está en la interacción
Intervención correctiva individual Intervención sobre la dinámica relacional
Prevención secundaria/terciaria Prevención primaria (sobre entornos)
Énfasis en el diagnóstico Énfasis en el análisis procesual

 implicaciones para la investigación empírica

 Proyección de herramientas analíticas

La CCA, en cuanto programa abierto de investigación, esboza líneas de proyección empírica mediante la articulación de indicadores preliminares que deberán ser desarrollados y validados en investigaciones específicas. Estas herramientas se enuncian aquí como direcciones de trabajo futuro, no como constructos cerrados:

  • Escala de Polarización Ética (EPE): orientada a medir el grado de distanciamiento entre los valores declarados y las prácticas efectivas en entornos crimebióticos, así como la intensidad de las justificaciones neutralizadoras.
  • Índice de Predisposición Crimiátrica (IPC): destinado a evaluar, en el ámbito de la Crimialia, la presencia y graduación de factores disposicionales (crimia) que, en interacción con entornos crimebióticos, pueden progresar hacia fases de mayor densidad.
  • Índice de Voluntas Tiesocialis (VTS): concebido para aproximarse a la dimensión volitiva del vínculo social, esto es, el grado de adhesión o desafección respecto de las normas prosociales, operando como indicador de fragilidad del control ético interno.
  • Índice de Gradación Criminógena (IGC): proyectado para ubicar secuencialmente un proceso antisocial en el continuo Crimialia-Criminalia, permitiendo identificar el nivel de desarrollo crimebiótico y la proximidad a umbrales punitivos.
  • Índice de Criminocontrol (ICC): enfocado a evaluar la capacidad de los entornos (formales e informales) para modular, contener o revertir la densidad criminógena, operando como medida de resiliencia normativa.

Estos instrumentos no son aquí desarrollados en su arquitectura interna ni en sus fórmulas de cálculo. Su enunciado cumple la función de señalar direcciones de indagación empírica que la CCA abre y que habrán de ser concretadas en trabajos posteriores, mediante diseños metodológicos específicos y procesos de validación empírica.

 Líneas futuras de investigación

  1. Validación empírica de los constructos centrales: densidad criminógena, blapohieresis incriminógena, carga psicoética del crimión.
  2. Estudios comparados de entornos crimebióticos: diferencias entre contextos delictivos formales e informales.
  3. Análisis de procesos de desactivación crimebiótica: factores que facilitan la salida y la reversión.
  4. Evaluación de intervenciones basadas en el modelo patodinámico: programas de reducción de densidad criminógena.
  5. Desarrollo y validación de las herramientas enunciadas: EPE, IPC, VTS, IGC, ICC.
  6. Estudios de casos de transición Crimialia-Criminalia: identificación de puntos de inflexión y umbrales críticos.
  7. Diálogo con otras disciplinas: sociología, psicología social, ética aplicada, derecho penal.

Conclusiones

1) La CCA no sustituye la criminología clásica

La Criminología de la Conducta Antisocial no es una criminología alternativa. Amplía el campo de visibilidad del fenómeno criminógeno.

2)  Amplía el objeto

Incorpora la Crimialia como territorio de investigación, sin esperar al umbral punitivo.

3)Introduce análisis procesual

Desplaza el foco del acto al proceso mediante la secuencia crimia-crimión-crimergia-crímergo.

4) Ofrece modelo relacional dinámico

El Modelo Patodinámico supera el dualismo individuo-estructura. La intervención debe dirigirse a modificar entornos crimebióticos y reducir densidad criminógena.

5) Aporta categorías analíticas propias

Crimia, crimión (como carga intensiva), crimergia, crímergo, Crimialia, Criminalia, crimebiosis, densidad criminógena, blapohieresis incriminógena, patodinamia.

6) Se constituye como programa abierto de investigación

Finalmente, se esbozan líneas de proyección empírica mediante la articulación de indicadores preliminares —Escala de Polarización Ética (EPE), Índice de Predisposición Crimiátrica (IPC), Índice de Voluntas Tiesocialis (VTS), Índice de Gradación Criminógena (IGC) e Índice de Criminocontrol (ICC)—, configurando la CCA como un programa abierto de investigación orientado a la intervención temprana y al análisis estructurado del fenómeno antisocial. El desarrollo concreto de estos instrumentos, incluyendo su arquitectura interna y sus fórmulas de cálculo, queda diferido a trabajos específicos posteriores.

7) Invitación al diálogo interdisciplinar

La CCA requiere diálogo con la sociología, la psicología social, el derecho penal, la ética aplicada y las ciencias del comportamiento. Su potencial reside en su capacidad de integración y en su orientación empírica.

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