- Criptolectos y eufemismos criminógenos del poder
El caso Koldo-Ábalos revela un fenómeno que trasciende lo anecdótico: la utilización de un criptolecto de carácter criminógeno («chistorras», «lechugas», «soles», «folios») para referirse a capital presuntamente ilícito. Este artículo desarrolla un marco de Lingüística Criminológica que integra la Lingüística Forense, la Criminología de la Conducta Antisocial y la Crimiatría para analizar estos códigos. Partiendo de este caso, se propone una taxonomía que distingue entre argot criminal, criptolecto criminógeno y eufemismos criminógenos, y se introducen constructos originales como la Hemionoléxia crimiática (lenguaje de “mulas léxicas”), las leximulas crimiónicas (unidades mínimas de transporte semántico-delictivo) y la Crimialia hemionoléxica (ecosistemas donde el código se desarrolla). El trabajo explora aplicaciones prácticas en investigación criminal, compliance corporativo y prevención educativa, proponiendo herramientas de operacionalización como un Índice de Densidad Hemionoléxica (IDH). Se concluye que el análisis sistemático de estas huellas léxicas abre una vía esencial para comprender la normalización de la conducta antisocial en el siglo XXI.
Contenidos
- 1 Criptolectos criminógenos en el caso Koldo-Ábalos.
- 2 Marco Teórico: Lingüística Forense y Criminología.
- 3 El lenguaje críptico del delito
- 4 Hemionoléxia crimiática y leximulas crimiónicas
- 4.1 Crimiatría, campo psicoético y papel modulador del lenguaje
- 4.2 Hemionoléxia crimiática: el “lenguaje de mulas léxicas”
- 4.3 Leximulas crimiónicas: unidades mínimas de transporte léxico
- 4.4 Criptolexia crimiática y foroléxicos crimiáticos: arquitectura interna del código
- 4.5 Crimialia hemionoléxica: el ecosistema del código
- 5 Aplicaciones prácticas, operacionalización y retorno al caso Koldo-Ábalos
- 5.1 Investigación criminal y pericia lingüístico-forense
- 5.2 Prevención y compliance corporativo: hacia una auditoría léxico-ética
- 5.3 Intervención socioeducativa y prevención primaria
- 5.4 Líneas de operacionalización e investigación futura
- 5.5 Retorno al caso Koldo-Ábalos: síntesis de un caso paradigmático
- 6 Conclusión: Huellas léxicas y el futuro de la Lingüística Criminológica
- 7 BIBLIOGRAFÍA
Criptolectos criminógenos en el caso Koldo-Ábalos.
Cuando el dinero se codifica en «chistorras»
El análisis del lenguaje en contextos delictivos suele revelar universos paralelos de significado. El llamado caso Koldo-Ábalos ofrece un ejemplo paradigmático: la investigación de la Unidad Central Operativa (UCO) desveló que el capital en metálico de alta denominación no se denominaba como tal, sino que era sustituido por un léxico particular y revelador (UCO, 2024):
- «Chistorras» para los billetes de 500 €.
- «Soles» para los de 200 €.
- «Lechugas» para los de 100 €.
- En el entorno del exministro Ábalos, «folios» o «cajas de folios» para referirse al efectivo en general.
Según el informe patrimonial, este lenguaje no constituye una jerga intrascendente, sino un código establecido y sistemático, empleado para comunicarse sobre pagos en metálico presuntamente no declarados en un contexto de gastos opacos y una sospechosa contabilidad paralela.
Desde una perspectiva mediática, el detalle resulta pintoresco. Sin embargo, desde el prisma de la Lingüística Forense y la Criminología de la Conducta Antisocial, estas palabras son síntoma de un mecanismo profundo: la forma en que el delito se enmascara, se banaliza y se protege a través del lenguaje (Coulthard, Johnson & Wright, 2017).
Como perito en estas disciplinas, el interés no se centra en el cotilleo político, sino en el sustrato conductual que este código pone de manifiesto:
- ¿Qué implica, a nivel de psicología moral, que el dinero B se denomine “chistorras” o “lechugas”?
- ¿Qué revela este argot sobre el campo psicoético de sus usuarios y su proceso de neutralización de la culpa (Sykes & Matza, 1957)?
- ¿Cómo puede analizarse de forma sistemática este tipo de léxico dentro de un marco de Lingüística Forense aplicada a la investigación?
Este caso nos brinda la oportunidad de postular una reflexión más amplia: el delito no solo deja huellas dactilares o contables; también deja huellas léxicas. El análisis de estos rastros lingüísticos permite desentrañar tanto la conducta antisocial como los procesos de normalización interna que la sustentan.
El caso «chistorras, lechugas y soles»: de la metáfora al criptolecto
El informe de la UCO (2024) detalla el uso reiterado y coherente de este lenguaje en clave. La propia unidad policial enfatiza que su uso constituye un indicio de conciencia de ocultación. En el contexto de una investigación por delitos económicos, este sistema lingüístico cumple funciones precisas:
- Función de Ocultamiento (Cripsis): Enmascara el contenido ilícito frente a oídos no iniciados.
- Función de Cohesión Grupal (Complicidad): Actúa como un marcador de identidad grupal.
- Función de Neutralización (Banalización): Rebaja la carga ética del acto delictivo mediante el eufemismo.
Por lo tanto, no estamos ante una simple jerga, sino ante lo que podemos definir como un criptolecto de carácter criminógeno: un sistema lingüístico en clave cuyo propósito principal es facilitar, enmascarar y sostener una actividad antisocial.
Objetivos de la presente investigación
El propósito de este análisis es triple:
- Demostrar cómo la Lingüística Forense puede aportar un análisis técnico y riguroso de este tipo de códigos, transformando el «chisme lingüístico» en evidencia contextual de gran valor para comprender la intencionalidad y la estructura del grupo.
- Enmarcar este fenómeno dentro de la Criminología de la Conducta Antisocial, proponiendo un marco conceptual específico (con términos como Lexiocrimia, Hemionoléxia crimiática o Leximulas crimiónicas) que permita describir con precisión los mecanismos por los cuales el delito se lexicaliza.
- Ampliar el campo de aplicación del criminólogo y del perito lingüístico más allá del ámbito judicial, hacia entornos educativos, preventivos y corporativos, donde la detección temprana de estos marcadores lingüísticos de conducta antisocial puede ser clave para desactivar dinámicas de riesgo.
Marco Teórico: Lingüística Forense y Criminología.
De la prueba pericial al análisis de la conducta antisocial
Antes de profundizar en los constructos propuestos (Lexiocrimia, Hemionoléxia crimiática), es imperativo precisar el marco disciplinar en el que se inscribe este trabajo: la intersección entre la Lingüística Forense y la Criminología.
Lejos de ser una curiosidad teórica, la Lingüística Forense se ha consolidado como un campo aplicado que aporta herramientas técnicas para el análisis del lenguaje en contextos legales, policiales y judiciales. Su objeto no es “corregir” textos, sino interpretar, describir y evaluar producciones lingüísticas que presentan relevancia probatoria o criminológica.
Definición y ámbitos de aplicación de la Lingüística Forense
De forma sintética, puede definirse la Lingüística Forense como:
«La disciplina que aplica los métodos y conocimientos de la lingüística al estudio de textos, discursos y conversaciones implicados en un procedimiento judicial, en una investigación criminal o en situaciones de riesgo jurídico» (Coulthard, Johnson & Wright, 2017, p. 4).
En la práctica profesional, esta definición se traduce en los siguientes ámbitos de intervención, que pueden sistematizarse de la siguiente manera:
- Ámbito 1: Análisis de Autoría y Atribución.
- Objeto: Anónimos, amenazas, mensajes extorsivos, testamentos ológrafos disputados.
- Metodología: Análisis de estilo, vocabulario, rasgos sintácticos, ortográficos y pragmáticos para establecer autoría o coautoría.
- Ámbito 2: Interpretación de Lenguaje Críptico y Argot.
- Objeto: Conversaciones intervenidas, chats, jerga de bandas, códigos numéricos o metafóricos (e.g., chistorras, lechugas, soles).
- Metodología: Desciframiento semántico, análisis de campos conceptuales y reconstrucción del contexto pragmático delictivo.
- Ámbito 3: Evaluación de la Claridad y Ambigüedad Documental.
- Objeto: Contratos, formularios, cláusulas, advertencias policiales (e.g., derecho a guardar silencio).
- Metodología: Análisis de legibilidad, detección de ambigüedades léxicas o sintácticas y evaluación de la comprensibilidad para el destinatario.
- Ámbito 4: Análisis Discursivo de Declaraciones y Entrevistas.
- Objeto: Transcripciones de interrogatorios, declaraciones testimoniales, entrevistas policiales.
- Metodología: Identificación de preguntas sugestivas, análisis de coherencia interna del testimonio y evaluación de la adecuación del registro lingüístico.
En todos estos casos, el lenguaje se erige como fuente de información y, en ocasiones, en evidencia pericial de valor probatorio.
Brecha disciplinar: De la prueba lingüística al objeto criminológico
No obstante, existe una brecha significativa. La Lingüística Forense tradicional, de orientación predominantemente jurídico-policial, se ha centrado en el «qué se dijo» y el «quién lo dijo», deteniéndose a las puertas de lo criminológico. Como se ha señalado críticamente:
«La Lingüística Forense se ha preocupado principalmente de la autoría y la atribución, dejando en un segundo plano el análisis del lenguaje como síntoma y motor de la conducta antisocial» (Adaptado de Olsson, 2009).
Es en este vacío donde la incorporación de la Criminología de la Conducta Antisocial resulta fundamental. Desde este prisma, el lenguaje deja de ser únicamente un medio probatorio y se convierte en un objeto de estudio criminológico en sí mismo. El modo de hablar de un sujeto ofrece datos valiosos sobre:
- Su campo psicoético (la estructuración subjetiva de sus valores morales).
- Sus mecanismos de neutralización (las técnicas de justificación que anulan la culpa).
- Su grado de inmersión subcultural en grupos desviados.
- El proceso de normalización de la crimia (conducta antisocial pre-delictual).
Así, ambas disciplinas se complementan dialécticamente:
- La Lingüística Forense aporta el corpus de datos y las herramientas técnicas de análisis.
- La Criminología proporciona los marcos teóricos para interpretar esos datos en términos de conducta, motivación y riesgo.
Hacia una síntesis: La Lingüística Criminológica (Crimiolingüística)
La integración de ambos enfoques perfila lo que proponemos denominar Lingüística Criminológica o Crimiolingüística:
Un espacio interdisciplinar que estudia cómo el lenguaje no solo refleja la conducta antisocial, sino que también contribuye activamente a configurarla, normalizarla y sostenerla a nivel cognitivo, grupal y social.
Los ejes de investigación de esta nueva área incluirían:
- El análisis de discursos de deshumanización y su rol en la facilitación de la violencia.
- La deconstrucción de narrativas justificativas del ofensor.
- El estudio de los eufemismos criminógenos y su función anestesiante de la conciencia moral.
- La identificación y clasificación de criptolectos de carácter criminógeno.
Es en este marco teórico sintetizado donde se insertan los constructos que se desarrollarán a continuación, con el objetivo de dotar de un instrumental específico para el análisis del caso que nos ocupa y otros de naturaleza similar.
El lenguaje críptico del delito
Argot, criptolectos y eufemismos criminógenos
Antes de introducir los constructos específicos de la Lexiocrimia críptica y la Hemionoléxia crimiática, es necesario situar el fenómeno en un continuo más amplio de lenguajes especializados. No todo uso de jerga implica criminalidad, pero ciertos usos de jerga y ciertos códigos cerrados se convierten en dispositivos funcionales para la planificación, ejecución y encubrimiento del delito.
En este apartado se propone una distinción operativa entre tres niveles:
- El argot y la jerga criminal, como repertorio léxico más o menos abierto.
- El criptolecto de carácter criminógeno, como sistema de codificación cerrada y relativamente estable.
- Los eufemismos criminógenos, como mecanismo léxico de anestesia moral.
Esta taxonomía permite entender el caso «chistorras / lechugas / soles / folios» no como una simple ocurrencia coloquial, sino como la expresión localizada de un fenómeno general: el lenguaje críptico del delito.
Argot y jerga criminal
En sentido amplio, el argot puede definirse como un vocabulario especializado propio de ciertos grupos sociales, profesionales o subculturales, que cumple funciones de identidad y diferenciación. Halliday (1978) describe estos repertorios como “anti-lenguajes”: sistemas que reestructuran la realidad para quienes participan en ellos y que, al mismo tiempo, excluyen al oyente externo.
No obstante, conviene diferenciar entre:
Jerga “inofensiva” o neutra
Presente en adolescentes, tribus urbanas, colectivos profesionales (sanitarios, informáticos, deportistas). Cumple sobre todo funciones de pertenencia y complicidad, pero no está estructuralmente orientada a la actividad delictiva.
Ejemplos: expresiones coloquiales juveniles, tecnicismos adaptados con tono humorístico, apodos internos entre compañeros de trabajo, etc.
Argot con función criminógena
Es el repertorio léxico compartido por sujetos vinculados a una actividad delictiva (narcotráfico, robo organizado, estafas, corrupción), que sirve para denominar de forma codificada:
-
- Sustancias: caballo (heroína), mercancía o material (droga), hierba (cannabis).
- Roles: camello (vendedor), mula (portador de droga), gancho (captador de víctimas).
- Acciones: dar un palo (robo), blanquear (legalizar capitales), pasar género (entregar droga).
- Beneficios: paquete, bulto, sobre, pasta.
En este segundo caso, la jerga deja de ser un mero marcador de identidad para convertirse también en instrumento operativo, al permitir:
- Hablar de actividades ilícitas en espacios semi-públicos (barra de un bar, taxi, calle) reduciendo la probabilidad de comprensión por parte de terceros.
- Delimitar quién “está dentro” del grupo (quien entiende el argot) y quién queda fuera.
- Introducir un componente de desdramatización: hablar de caballo, paquetes o dar un palo suena menos grave que referirse a “heroína”, “transporte de drogas” o “robo con violencia”.
Sin embargo, incluso el argot criminal suele ser relativamente permeable: muchas de estas palabras acaban filtrándose a los medios de comunicación o al lenguaje coloquial general. Cuando la función de ocultamiento se vuelve prioritaria y el sistema léxico se cierra y especializa, pasamos a un nivel distinto: el criptolecto.
Criptolecto de carácter criminógeno
El término criptolecto designa una variedad lingüística o código interno cuyo propósito principal es la ocultación de información para quienes no pertenecen al grupo (Maurer, 1981). No se trata solo de jerga, sino de un sistema de equivalencias estables que:
- Sustituye sistemáticamente ciertos significados por otros (p. ej., tipos de billetes → nombres de alimentos).
- Presenta coherencia y regularidad en diferentes conversaciones y contextos.
- Opera como un “diccionario interno” que solo los iniciados comparten.
En el marco de este trabajo, podemos hablar de criptolecto de carácter criminógeno (o criptolecto crimiático) cuando:
- El código se utiliza de forma reiterada para planificar, ejecutar o encubrir actividades ilícitas.
- Las equivalencias léxicas no son espontáneas ni aisladas, sino estandarizadas entre los participantes.
- Su presencia es un indicador de conciencia de ilicitud: si no hubiera nada que ocultar, no sería necesario hablar en clave.
El caso Koldo-Ábalos ilustra claramente esta transición del argot disperso al criptolecto estructurado. No estamos simplemente ante un comentario aislado sobre “chistorras” en un chat; lo que la UCO documenta es un uso reiterado y coherente de un sistema léxico:
- Chistorras para billetes de 500 €.
- Soles para billetes de 200 €.
- Lechugas para billetes de 100 €.
- Folios o cajas de folios para dinero en efectivo en general.
Estas correspondencias no solo permiten ocultar el contenido de la conversación frente a terceros no iniciados, sino que además:
- Refuerzan la complicidad interna: “somos los que entendemos el código”.
- Contribuyen a la normalización de la conducta: hablar de “chistorras” o “cajas de folios” rebaja el peso psicológico de hablar de dinero presuntamente ilícito.
Desde la Lingüística Forense, el análisis de un criptolecto requiere reconstruir su criptolexia crimiática (el inventario de equivalencias) a partir del contexto, la comparación de mensajes y, cuando es posible, la triangulación con pruebas documentales. Desde la Criminología de la Conducta Antisocial y la Crimiatría, su existencia es indicio de:
- Organización interna y reparto de roles.
- Conciencia de estar actuando en una zona de ilicitud.
- Uso del lenguaje como herramienta de desconexión moral y de blindaje frente al control social formal.
En este punto, el criptolecto queda claramente diferenciado del argot general: no es solo “cómo hablan”, sino cómo se protegen y se justifican al hablar del delito.
Eufemismos criminógenos
El mecanismo léxico de la desconexión moral
El tercer nivel del continuo lo ocupan los eufemismos criminógenos: unidades léxicas o expresiones que, mediante sustituciones semánticas de apariencia inocua, humorística o técnica, minimizan la gravedad percibida de una conducta antisocial.
Si el criptolecto proporciona la estructura del código, el eufemismo aporta su carga psicológica. Estos recursos operan como la materialización lingüística de las «técnicas de neutralización» (Sykes & Matza, 1957) y los mecanismos de «desconexión moral» (Bandura, 1999), facilitando la autojustificación y el autoconsuelo ético del sujeto.
La eficacia del eufemismo criminógeno reside en su capacidad para reesemantizar la transgresión. No se limita a ocultar el referente, sino que lo reubica en un campo conceptual que lo hace psicológicamente más tolerable:
- Un soborno se convierte en un «regalo», un «agradecimiento» o una «atención».
- Una extorsión se describe como «meterle un poco de presión» o «hacerle ver la realidad».
- Una agresión se narra como un «ajuste de cuentas» o un «recordatorio».
- Una víctima es designada como «objetivo», «pieza» o «el problema», eliminando su humanidad.
En el caso Koldo-Ábalos, los términos chistorras, lechugas, soles y folios cumplen una doble función eufemística:
- Función de Distanciamiento Afectivo: Al elegir metáforas del ámbito alimentario y de oficina, se despoja al dinero de sus connotaciones de poder, ilegalidad y riesgo. Se trata de una estrategia de banalización que transforma un instrumento de corrupción en un producto de consumo cotidiano.
- Función de Cohesión Grupal Lúdica: El uso de un tono aparentemente jocoso o coloquial refuerza la camaradería y enmascara la gravedad de los actos, creando una sensación de «juego» o «complicidad intrascendente» que neutraliza la carga ética.
Así, mientras el argot marca la identidad y el criptolecto garantiza el ocultamiento, el eufemismo criminógeno actúa como el lubricante psicosocial que facilita la transición hacia la acción delictiva, permitiendo que el sujeto mantenga una autoimagen positiva mientras participa en actividades que, de ser nombradas directamente, resultarían moralmente insostenibles para su campo psicoético.
Hemionoléxia crimiática y leximulas crimiónicas
Propuesta desde la Crimiatría y la Criminología de la Conducta Antisocial
Una vez establecida la taxonomía del lenguaje críptico del delito, el presente apartado introduce una serie de constructos específicos derivados de la Criminología de la Conducta Antisocial y la Crimiatría. El objetivo de esta propuesta es doble:
(a) describir con mayor precisión el papel del léxico en la génesis, mantenimiento y normalización de la crimia, y
(b) ofrecer un marco conceptual operativo para su análisis empírico en contextos forenses y preventivos.
Se presentan aquí cuatro nociones centrales interrelacionadas: Hemionoléxia crimiática, leximulas crimiónicas, criptolexia crimiática y Crimialia hemionoléxica. Todas ellas se articulan en torno al eje teórico del campo psicoético y el concepto de crimia como fase pre-delictual.
Crimiatría, campo psicoético y papel modulador del lenguaje
La Crimiatría puede definirse como la disciplina que estudia, evalúa e interviene sobre los procesos psicoéticos implicados en la génesis, mantenimiento y posible reconducción de la conducta antisocial y criminógena (Herrero, 2021). En este marco, la Criminología de la Conducta Antisocial postula la crimia como el conjunto de conductas, actitudes y disposiciones pre-delictuales que configuran un continuo hacia el hecho punible.
Un concepto nuclear es el de campo psicoético: el espacio interno de configuración de valores, creencias, justificaciones y umbrales de tolerancia moral, donde se decide la orientación ética de la conducta. En este campo, el lenguaje no es un mero reflejo, sino un modulador activo. Como señala Bandura (1999) en su teoría de la desconexión moral, los mecanismos lingüísticos permiten, entre otros:
- Reetiquetar conductas: un soborno se convierte en una comisión por servicios o un agradecimiento.
- Minimizar o difuminar la responsabilidad: un ataque se describe como un ajuste de cuentas o “un mensaje”.
- Deshumanizar a la víctima: se la nombra con términos impersonales o peyorativos que facilitan la agresión.
La Crimiatría propone, por tanto, analizar el léxico como un agente psicoético que puede ensanchar la zona gris de la moralidad y facilitar la transición hacia la conducta delictiva.
Hemionoléxia crimiática: el “lenguaje de mulas léxicas”
A partir de la etimología de ἡμίονος (hemíonos, ‘mulo’) y λέξις (léxis, ‘palabra’), se propone el siguiente constructo:
Hemionoléxia crimiática: subsistema léxico especializado, integrado en un criptolecto de carácter criminógeno, cuyas unidades funcionan como mulas léxicas al transportar significados delictivos o antisociales encubiertos bajo una apariencia léxica inocua o ambigua, accesible solo para los iniciados.
Este concepto permite distinguir la capa léxica específicamente diseñada para el transporte encubierto de significados. Sus rasgos definitorios son:
- Opacidad externa selectiva: para un observador externo, el término se interpreta en su sentido ordinario (p. ej., chistorra como embutido, pesca como actividad recreativa, blanquear como limpiar).
- Univocidad interna operativa: para el grupo, la correspondencia semántica es estable y funcional (p. ej., pesca = venta de droga en un muelle; blanquear = legalizar capitales; tío = cliente objetivo de una estafa).
- Plasticidad metafórica banalizadora: se seleccionan campos semánticos cotidianos (alimentación, ocio, familia, trabajo) que reducen la carga ética del referente delictivo.
- Función crimiática específica: su uso se circunscribe a la planificación, ejecución y encubrimiento de actividades ilícitas, más que a la comunicación ordinaria.
Así, mientras el criptolecto de carácter criminógeno constituye el sistema global de comunicación, la Hemionoléxia crimiática es su componente léxico especializado en el encubrimiento.
Leximulas crimiónicas: unidades mínimas de transporte léxico
Dentro de la Hemionoléxia crimiática, se precisa el concepto de leximula crimiónica, que puede definirse como unidad léxica individual (palabra o expresión breve) que, de forma sistemática y dentro de un criptolecto de carácter criminógeno, actúa como mula transportando un significado antisocial o delictivo encubierto.
La etimología combina léxis (‘palabra’) y mula (del lat. mulus/mula), enfatizando su función de transporte oculto. Ejemplos documentados o verosímiles incluyen:
- Caso Koldo-Ábalos: chistorra (500 €), lechuga (100 €), sol (200 €), folio (efectivo).
- Narcotráfico: pan (cocaína), pesca (venta de droga), mula (transportista que oculta la sustancia en su cuerpo).
- Cibercrimen: farmacia (tienda online de datos robados), herramientas (software ilícito), combo (paquete de credenciales).
- Corrupción y delito económico: amigo (testaferro), operación (transacción ilícita), regalo (soborno), ayuda (pago encubierto).
No todo eufemismo es una leximula. Para ser considerada como tal, la unidad debe cumplir tres criterios:
- Sistematicidad: uso recurrente y relativamente estable en el grupo.
- Integración: pertenencia a un sistema hemionoléxico más amplio (no ser un chiste puntual).
- Funcionalidad crimiática: contribución directa a la dinámica antisocial o criminógena (facilitar, organizar u ocultar).
Desde la Crimiatría, la densidad de leximulas crimiónicas en el discurso de un sujeto o grupo puede considerarse un indicador de normalización de la crimia en su campo psicoético.
Criptolexia crimiática y foroléxicos crimiáticos: arquitectura interna del código
Para describir la estructura interna del código, se introducen dos niveles adicionales: criptolexia crimiática y foroléxicos crimiáticos.
Se propone:
- Criptolexia crimiática: inventario organizado de leximulas crimiónicas y otras unidades léxicas codificadas que constituyen el repertorio total de la Hemionoléxia crimiática de un grupo.
La criptolexia crimiática es, en términos funcionales, el “diccionario interno” del grupo: incluye las leximulas y otros elementos que contribuyen a la opacidad, como tecnicismos desviados de su significado original o abreviaturas internas.
Por su parte:
- Foroléxico crimiático: categoría funcional que designa cualquier unidad léxica que porta una carga significativa clave en la dinámica antisocial o criminógena, ya sea de forma explícita (p. ej., extorsión, chantaje, cohecho) o encubierta (p. ej., chistorra, favor, ayuda).
Las relaciones de inclusión pueden sintetizarse así:
- Toda leximula crimiónica es un foroléxico crimiático y forma parte de la criptolexia crimiática.
- No todo foroléxico crimiático es una leximula (los términos explícitos carecen de opacidad).
- La criptolexia crimiática es el subconjunto opaco de foroléxicos crimiáticos dentro del criptolecto.
Esta arquitectura permite analizar gradientes de opacidad y el grado de sofisticación léxica de un grupo delictivo.
Crimialia hemionoléxica: el ecosistema del código
Finalmente, para comprender la dimensión ecológica del fenómeno, se introduce el concepto de Crimialia hemionoléxica, definido como:
Crimialia hemionoléxica: conjunto de entornos, escenarios físicos o digitales y redes de interacción en los que la comunicación entre sujetos criminológicos se apoya de forma sistemática y necesaria en la Hemionoléxia crimiática.
Ejemplos ilustrativos incluyen:
- Entornos digitales: grupos cifrados de mensajería, foros de la deep web, canales de videojuegos o plataformas de streaming utilizados para coordinar operaciones.
- Entornos físicos: determinados bares o tabernas, zonas concretas de centros penitenciarios, despachos profesionales donde se ha normalizado un código opaco.
- Redes híbridas: espacios empresariales o políticos donde las reuniones presenciales se coordinan mediante mensajes con leximulas (correos, chats corporativos).
El estudio de la Crimialia hemionoléxica permite:
- mapear geografías y redes de riesgo,
- identificar puntos de entrada para intervenciones preventivas (formación en detección de marcadores léxicos para auditores, compliance, equipos directivos),
- y analizar cómo el entorno comunicativo consolida la identidad grupal y la normalización de la crimia.
Aplicaciones prácticas, operacionalización y retorno al caso Koldo-Ábalos
La propuesta teórica de la Lingüística Criminológica y la Lexiocrimia críptica cobra su plena dimensión cuando se proyecta sobre la práctica profesional. Este apartado despliega el potencial aplicado del modelo en tres ámbitos principales —la investigación criminal y la pericia, la prevención corporativa y los entornos socioeducativos— para, finalmente, proponer líneas concretas de operacionalización y retornar al caso de estudio como síntesis integradora.
Investigación criminal y pericia lingüístico-forense
En el ámbito probatorio y de inteligencia, la incorporación de este marco permite un análisis más sofisticado de la comunicación de carácter delictivo. Las aplicaciones son multifacéticas:
a) Identificación y decodificación sistematizada
Más allá de la interpretación ad hoc, el modelo permite identificar criptolectos de carácter criminógeno y reconstruir su criptolexia crimiática interna de manera sistemática. Un análisis basado en la Hemionoléxia crimiática puede rastrear la evolución de un código y establecer equivalencias semánticas estables a partir del contexto y la comparación de conversaciones (Coulthard, Johnson & Wright, 2017).
b) Valoración de la densidad hemionoléxica como indicador
La frecuencia y diversidad de leximulas crimiónicas en un corpus de comunicaciones puede operativizarse en un Índice de Densidad Hemionoléxica (IDH). Un IDH alto sugiere un mayor grado de organización, conciencia de ilicitud y normalización de la crimia dentro del grupo, proporcionando un indicador contextual de la peligrosidad y sofisticación de la conducta investigada.
c) Peritaje vinculante y contextualización criminológica
El perito puede trascender la mera “traducción” de términos. Un informe puede argumentar cómo el uso sistemático de un criptolecto no es anecdótico, sino un marcador de dinámicas grupales criminógenas. Esto permite conectar el análisis lingüístico con perfiles criminológicos, ilustrando la conciencia de ilicitud y los mecanismos de neutralización (Bandura, 1999) empleados por los investigados.
d) Integración con otros indicadores de riesgo
La presencia de una Hemionoléxia crimiática consolidada puede ponerse en relación con otros datos (estructura de la red, roles internos, antecedentes, capacidad económica), contribuyendo a un diagnóstico más fino de la capacidad criminógena del grupo.
Prevención y compliance corporativo: hacia una auditoría léxico-ética
En el ámbito de la prevención del delito económico y la corrupción, el modelo ofrece herramientas proactivas para la detección temprana de riesgos:
a) Detección proactiva de marcadores lingüísticos
Los departamentos de compliance y auditoría interna pueden incorporar, siempre dentro del marco legal y garantista, la observación de foroléxicos crimiáticos y leximulas en comunicaciones corporativas de alto riesgo (compras, contratación, intermediación). Términos como regalos, favores, agradecimientos especiales o comisiones (cuando se usan de forma sistemáticamente codificada) pueden activar protocolos de verificación.
b) Formación en alfabetización ético-léxica
Los programas de formación pueden incluir módulos específicos sobre “lenguaje de riesgo”, enseñando a directivos y empleados a reconocer y cuestionar eufemismos criminógenos. Esto fortalece una cultura de integridad al desnaturalizar los códigos que banalizan las prácticas corruptas.
c) Diseño de protocolos de alerta temprana
La identificación de patrones hemionoléxicos reiterados puede integrarse en los mapas de riesgo de la organización, estableciendo procedimientos de investigación interna que actúen antes de que una conducta se consolide como delictiva.
d) Reforzamiento de una cultura lingüística de transparencia
La política de integridad corporativa puede incluir explícitamente la prohibición de códigos opacos para referirse a pagos, comisiones o intermediaciones, señalando que el mero uso de criptolectos en estos ámbitos constituye un indicador de riesgo no tolerado por la organización.
Intervención socioeducativa y prevención primaria
La aplicación del modelo en entornos educativos y comunitarios se centra en la desactivación de dinámicas antisociales en su fase inicial:
a) Educación para la deconstrucción crítica del lenguaje
Es crucial trabajar con jóvenes la capacidad de analizar críticamente el lenguaje que normaliza la violencia, el acoso, el consumo de drogas o la discriminación. Mostrar cómo operan los eufemismos criminógenos en su propio contexto —por ejemplo, “es solo un baile” para referirse a una pelea, o “es un duende” para un ladrón de poca entidad— fomenta la resistencia a la normalización de la crimia.
b) Detección e intervención en criptolectos juveniles
Educadores, orientadores y criminólogos comunitarios pueden utilizar este marco para interpretar la jerga de bandas, el lenguaje del consumo de drogas o los códigos del ciberacoso. El objetivo no es estigmatizar, sino comprender las dinámicas grupales e intervenir de forma más precisa y temprana.
c) Programas de prevención integrales
Los programas de prevención pueden diseñarse no solo para actuar sobre el “hecho” (consumo, agresión, acoso), sino también sobre el entramado lingüístico que lo sostiene: chistes, apodos, etiquetas, metáforas que deshumanizan o banalizan. Trabajar con ejemplos reales (debidamente anonimizados) de Hemionoléxia crimiática facilita la toma de conciencia ética.
Líneas de operacionalización e investigación futura
Para trasladar el modelo a la práctica empírica, se proponen las siguientes líneas de trabajo:
a) Desarrollo de un Índice de Densidad Hemionoléxica (IDH)
Operativizar el concepto mediante métricas de:
-
-
- frecuencia (número de leximulas por mil palabras),
- diversidad (número de leximulas distintas),
- consistencia (estabilidad de las equivalencias semánticas en el tiempo y entre interlocutores).
-
Este IDH podría correlacionarse con variables criminológicas como el tipo de delito, el grado de organización o la fase delictiva (planificación, ejecución, encubrimiento).
b) Construcción de corpora de referencia
Crear y analizar corpora anonimizados de comunicaciones intervenidas en diferentes ámbitos delictivos (corrupción, narcotráfico, cibercrimen, crimen organizado). El análisis mediante herramientas de lingüística de corpus permitiría identificar patrones y campos semánticos recurrentes en la Hemionoléxia crimiática.
c) Estudios de validación crimiátrica
Diseñar investigaciones que exploren la correlación entre un IDH elevado y una mayor puntuación en escalas de desconexión moral, así como su potencial predictivo de la transición de la crimia al delito consumado.
d) Comparación entre contextos delictivos
Realizar estudios comparados de criptolectos criminógenos en distintos ámbitos (político, empresarial, callejero, digital) para determinar:
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- similitudes y diferencias en los campos metafóricos preferentes (alimentación, deporte, tecnología, familia),
- y posibles “familias hemionoléxicas” asociadas a determinados tipos de criminalidad.
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Retorno al caso Koldo-Ábalos: síntesis de un caso paradigmático
A la luz del marco desarrollado, el caso Koldo-Ábalos se erige como un ejemplo paradigmático que sintetiza los principales elementos del modelo:
- Criptolecto de carácter criminógeno: se documenta un sistema de comunicación opaco y estructurado, utilizado reiteradamente para referirse al dinero en efectivo presuntamente ilícito.
- Hemionoléxia crimiática especializada: el subsistema léxico formado por chistorras, lechugas, soles, folios funciona como un conjunto de “mulas léxicas” para el dinero opaco.
- Leximulas crimiónicas operativas: cada término presenta una equivalencia estable y una función clara en la gestión de las supuestas operaciones ilícitas.
- Función de neutralización: la selección de metáforas banales (alimentación, oficina) ejemplifica la anestesia léxica de la conciencia moral, en línea con los mecanismos de desconexión moral descritos por Bandura (1999).
La aportación de la Lingüística Criminológica permite, por tanto, reinterpretar lo pintoresco como un síntoma estructural. El análisis de estas huellas léxicas no es un ejercicio marginal, sino una ventana privilegiada al campo psicoético del grupo y a los procesos de normalización que sustentan la conducta delictiva. Como afirma Innes (2003), el lenguaje no solo comunica el delito, sino que contribuye a constituirlo. Aprender a leer e interpretar sistemáticamente estas huellas se configura, así, como una tarea ineludible para una criminología moderna y aplicada.
Conclusión: Huellas léxicas y el futuro de la Lingüística Criminológica
El recorrido realizado desde el análisis del caso Koldo-Ábalos hasta la propuesta de un marco teórico-aplicativo integrador permite afirmar con rotundidad que el lenguaje es un escenario activo donde la conducta delictiva no solo se comunica, sino que se estructura, se normaliza y se perpetúa. Lejos de ser un epifenómeno, el criptolecto de carácter criminógeno se erige como un síntoma y, a la vez, como un motor de la dinámica antisocial.
Síntesis de un marco integrador
Este trabajo ha articulado una serie de ideas principales que configuran una perspectiva novedosa:
Del caso al constructo.
El código «chistorras / lechugas / soles / folios» ha dejado de ser una anécdota pintoresca para convertirse en el caso paradigmático que ejemplifica la Hemionoléxia crimiática en acción. Cada una de estas leximulas crimiónicas operaba como una unidad estable dentro de una criptolexia crimiática más amplia, demostrando la existencia de un sistema lingüístico sofisticado para la gestión del dinero opaco.
Función psicoética del lenguaje.
La selección de campos semánticos banales (alimentación, material de oficina) no fue inocente. Constituye la materialización de un mecanismo de neutralización moral (Bandura, 1999), donde el eufemismo criminógeno actúa como un anestésico léxico que reduce la disonancia cognitiva y facilita la transgresión en el campo psicoético de los implicados.
La sinergia disciplinar.
La verdadera potencia analítica surge de la integración. La Lingüística Forense proporciona el instrumental técnico para el desciframiento y la prueba; la Criminología de la Conducta Antisocial contextualiza estos hallazgos en un continuo de conducta criminógena; y la Crimiatría interpreta el lenguaje como un modulador de la psique ética. Juntas, conforman el núcleo de la Lingüística Criminológica o Crimiolingüística.
En definitiva, el delito no solo deja huellas dactilares o digitales; deja huellas léxicas sistemáticas. Su análisis riguroso ofrece una ventana privilegiada para comprender la organización, la intencionalidad y los procesos de normalización interna de los grupos delictivos.
Proyección futura: de la teoría a la práctica sistematizada
Este artículo no pretende ser un punto final, sino un punto de partida para un programa de investigación y aplicación en ciernes. Las nociones de Lexiocrimia críptica, Hemionoléxia crimiática y Crimialia hemionoléxica constituyen un primer vocabulario para un campo de estudio fértil y necesario.
El futuro inmediato pasa por la operacionalización y validación empírica de estos constructos. Esto implica:
- El desarrollo y refinamiento de un Índice de Densidad Hemionoléxica (IDH) que permita medir objetivamente la penetración de estos códigos en diferentes contextos.
- La construcción de corpora de referencia anonimizados que sirvan como base para el análisis comparado de criptolectos en diferentes modalidades delictivas.
- La validación crimiátrica del modelo, mediante estudios que correlacionen el uso de leximulas con escalas validadas de desconexión moral y otros indicadores de crimia.
Más allá de la academia, este marco se proyecta de forma natural en el ámbito aplicado de forenses.net y en la práctica profesional, materializándose en:
- Peritajes lingüístico-criminológicos más sólidos y contextualizados.
- Protocolos de detección temprana para unidades de compliance y auditoría interna.
- Programas de intervención educativa centrados en la alfabetización ético-léxica para jóvenes.
El mensaje final es claro y contundente: el delito también habla. Y lo hace a través de códigos elaborados que, una vez descifrados, revelan su anatomía interna. Aprender a escuchar, registrar e interpretar sistemáticamente estas huellas léxicas no es una mera curiosidad académica, sino un imperativo para una criminología moderna, capaz de leer entre líneas y desentrañar, palabra a palabra, la gramática secreta de la conducta antisocial.
BIBLIOGRAFÍA
Bandura, A. (1999). Moral disengagement in the perpetration of inhumanities. Personality and Social Psychology Review, 3(3), 193–209.
Coulthard, M., Johnson, A., & Wright, D. (2017). An Introduction to Forensic Linguistics: Language in Evidence (2ª ed.). Routledge.¡
Innes, M. (2003). Understanding Social Control: Deviance, Crime and Social Order. Open University Press.
Olsson, J. (2009). Wordcrime: Solving Crime Through Forensic Linguistics. Continuum.
Sykes, G. M., & Matza, D. (1957). Techniques of neutralization: A theory of delinquency. American Sociological Review, 22(6), 664–670.
UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil). (2024). Informe patrimonial relativo a la Operación “Koldo-Ábalos”.
Documento interno citado de forma referencial.
